(Bilbo 1929-1996)
Ha muerto Alfonso Irigoien
El fallecimiento de Alfonso Irigoien me ha cogido por sorpresa. La noticia me ha dejado sin fuerzas, puesto que no hacía ni un día que me encontraba conversando con él. Pero aunque el momento es amargo, me corresponde a mí recordar al profesor y maestro al que tanto debo. La pérdida de Alfonso Irigoien me trae a la memoria la pérdida de Mikel Zarate, hace ya 17 años. Ambos se han marchado en su mejor momento de lucha a favor del euskera, cuando se hallaban pletóricos de ganas y proyectos, cuando pensaban que era más lo que quedaba por hacer que lo que ya habían hecho. Pero, no importa todo lo que te esfuerzes, la vida no tiene vuelta atrás. Ya no veremos su rostro en las puertas de la clase de Deusto, en los pasos de cebra ni en las clases. Es inútil que nuestra voluntad lo desee, ya no se le podrá homenajear en vida, tal como hizo la Asociación de Bertsolaris hace ya tiempo o el Centro Labayru el pasado 13 de julio en Derio.
Alfonso ha sido un tren imparable en la investigación del euskera: ya fuera en antroponimia o toponimia, en gramática o historia, ya fuera en fonética o en creación literaria, ¿quién no conoce los tomos "De re Philologica" pagados de su propio bolsillo, como la mayoría de sus trabajos? Trabajos que sus colegas hemos recibido a menudo gratis y que muchas generaciones de estudiantes de Filología Vasca de Deusto han comprado y leído. Presentó su último trabajo en la feria de Durango. Es una obra escrita en un sencillo pero impecable estilo, sin adornos superfluos y lleno de dignidad.
¿Y por qué ese empeño en favor de la lengua y cultura vascas? Porque era un gran euskaltzale y abertzale, un hombre que nació, creció, se curtió y se hizo en el corazón de Bilbao, un hombre que llegó hasta lo más alto desde la nada. Conoció la guerra cuando todavía no era más que un chaval pero también la triste miseria del Bilbao de la posguerra cuando se hizo más mayor. Desde muy joven empezó a relacionarse con la gente del mundo artístico y cultural de la época, y pronto comenzaría también a trabajar por el euskera bajo la protección de una resurgida Euskaltzaindia.
Alfonso Irigoien ha supuesto una gran pérdida para nosotros y no podremos llenar fácilmente el profundo vacío que nos ha dejado; porque hombres así sólo aparecen muy de vez en cuando.
(Fragmento traducido de un escrito de Adolfo Arejita y publicado por Deia, 1996-XII-12)