Joxemi Zumalabe (1950-1993)

Joxemi Zumalabe Goenaga sabía muy bien lo que era el valor. Así lo demostró cuando salió por la puerta de Argia para fundar Euskaldunon Egunkaria diez años más tarde. Sabía atraer a los profesionales más idóneos, sabía hacer soñar y ha sido el principal artífice de todo un hito en la historia de la prensa y la cultura en euskera. Este corredor de fondo consiguió llegar a la meta que se impuso a sí mismo y falleció nada más conseguirlo, víctima del cáncer, el 12 de enero de 1993 a los 42 años de edad.

El punto de partida

Nacido en el seno de una familia euskaltzale, sintió desde muy joven la llamada de la cultura y al euskera. Estudió en el Liceo de Santo Tomás, donde desarrolló actividades y proyectos culturales con sus amigos y compañeros: el grupo Artzaiak, Zeruko Argia, grupos de teatro... En 1979 abandonó su trabajo y retomó el camino emprendido en su juventud. El ambiente familiar y la educación recibida en casa marcaron el camino de Joxemi Zumalabe. «Hemos recibido el amor por el euskera de nuestros padres» dice su hermana Koro. El padre de Joxemi y Martin Ugalde se conocieron cuando fueron nombrados miembros de Euskaltzaindia: «entramos juntos. Conocí a su hermano Agustin en Donibane Lohitzune. Era el director de una escuela y también trabajó en Eusko Ikaskuntza junto a Joxemigel Barandiaran. Joxemiel trabajó también con él en esa escuela» cuenta Martin Ugalde.

La profesora Elbira Zipitria impartía las clases (entonces clandestinas) en su casa. «Nos mandaron a la ikastola desde pequeños, por aquel entonces las ikastolas todavía eran ilegales. Así nos aficionamos a la lectura y la cultura vasca» recuerda Koro.

El padre de Joxemi fue uno de los cofundadores del Liceo de Santo Tomas junto con Karlos Santamaria. Antton Santamaria y Joxemi se conocieron a la edad de nueve años a través de sus respectivos padres y estudiaron juntos en el Liceo. «Tuvo una infancia feliz, el ambiente familiar era muy bueno. En aquella época nos distinguía el hecho de hablar euskera, puesto que cuando teníamos 11-12 años nadie lo hablaba en Donostia. Eso era importante» dice Antton Santamaria. En Santo Tomas se congregarían las amistades que en los años siguientes caminarían en favor de la cultura y del euskera. Su profesor Ricardo Arregi y el amigo de éste, Ramon Saizarbitoria, fueron muy importantes en su vida. «Fue entonces cuando tomó conciencia de la situación política y cultural», recuerda su amigo Rafa Egiguren, y añade que «en aquel entonces no había nada, esto era un desierto, y encontrar gente así fue una suerte. Rikardo Arregi y Ramon Saizarbitoria fueron nuestros líderes y motivadores, por decirlo de alguna manera. Saizarbitoria un poco más». Eran los años 70 y Ramon Saizabitoria, Ibon Sarasola y Mari Karmen Garmendia comenzaron a escribir en Zeruko Argia una página titulada "Gazte naiz".

Joxemi Zumalabe empezó los estudios de arquitectura en Barcelona, pero lo dejó en el segundo año de carrera. A su vuelta, hizo el servicio militar y al poco lo contrataron como delineante en Producciones Metálicas Gaztañaga, en Ordizia, donde trabajó durante dos años. Después volvió a Donostia y empezó a trabajar en el taller de fotocomposición Egia.

Esta empresa realizaba trabajos para Zeruko Argia. Joxemi conocía a todos los trabajadores de la revista, a Pilar Iparragirre, Elixabete Garmendia, el dibujante Rotu, pero sobre todo, al que fue su gran amigo Joxe Mari Ostolaza Xalbardin. Aceptó la propuesta de éste último y en 1977 empezó a trabajar en Zeruko Argia. Su trabajo consistía en hacer el diseño y el montaje de la revista, aunque más tarde también se encargaría de las ilustraciones, de los dibujos y de la portada.

Trabajaban en un local que los frailes capuchinos tenían en la calle Okendo pero la empresa estaba a punto de cerrar y en vista de la situación, Joxemi y Ostolaza fueron a hablar con los capuchinos sobre el futuro de la revista. La idea que los frailes tenían era venderla, y aunque también había otro posible comprador, Joxemi y Xalbardin lograron hacerse con ella. Corría el año 1980 y las únicas condiciónes impuestas por los capuchinos fueron que utilizaran un nombre diferente y que abandonaran el local de la calle Okendo. Ostolaza y Zumalabe se hicieron con la lista de suscriptores y todo el material, firmaron las letras y renombraron la revista como ARGIA. De la plantilla de Zeruko Argia fueron los únicos en pasar a Argia, y tuvieron que hacerse cargo de la deuda acumulada hasta entonces, unos 8 millones de pesetas que de alguna manera había que pagar.

En 1986 Zumalabe presentó un proyecto para poner en marcha un periódico en euskera. Fue su primer intento con ese proyecto pero no fue posible llevarlo a cabo en aquella ocasión. Mientras tanto, siguió encargándose de la administración, la maquetación y la fotocomposición de la revista.

Garantía de fiabilidad de la prensa en euskera

A comienzos de los 80, Argia había conseguido sanear su situación y miraba al futuro con otra óptica. Comenzó a publicar una serie de artículos sobre la necesidad de un periódico en euskera, llegándose incluso a organizar mesas de debate sobre el tema. A pesar de la escasa voluntad política de las instituciones a la hora de sacar adelante un proyecto de estas características, en el seno de Argia se sentía una necesidad imperiosa de responder a este reto.

En 1986 El Gobierno Vasco comenzó a mover sus fichas, tal y como lo demuestra el hecho de sacar a la calle el llamado "Deia euskaraz" el 23 de marzo de aquel mismo año. Pero aquel intento dio muy pocos frutos, sobre todo porque se quiso recalcar en la idea de que un proyecto así tiene que ser liderado por las instituciones.

Por otro lado, en julio de 1986 se publicó en la Revista de Autoridades del País Vasco una propuesta en la que se detallaban los requisitos de un hipotético periódico en euskera: una vez por semana, surgido del mundo editorial etc... Se presentaron tres proyectos: Hemen (por parte de la empresa editora de Egin), Eguna (por parte de la empresa editora de Deia) y el de Argia. Este último proyecto fue desestimado y ni siquiera se tuvo en cuenta. Hemen y Eguna se convirtieron en revistas semanales con formato de periódico, y no supieron dar adecuadamente los pasos necesarios para su conversión en periódicos. Aquellas dos experiencias terminaron en fracaso.

En Argia, sin embargo, seguía vivo el deseo de crear una publicación diaria en euskera. Joxemi Zumalabe continuó trabajando en el proyecto, dotándolo de un diseño, encargándose de la infraestructura humana y tecnológica necesaria, así como de preparar el terreno social y culturalmente. Fue en otoño de 1986 cuando se pasó a la acción, cuando la empresa CIES publicó una encuesta sociológica en la que se demostraba que existía un mercado para un posible periódico en euskera. Así se fundo Egunkaria Sortzen, se impulsaron proyectos periodísticos y empresariales, se lanzó una campaña publicitaria y se consiguió aunar a grupos e intelectuales en favor de la causa.

Martin Ugalde presidente del Consejo de Administración de Euskaldunon Egunkaria, recuerda perfectamente el día en que Zumalabe le habló del proyecto: «Quería saber hasta dónde estaría dispuesto a llegar en ese proyecto. Me preguntó si quería trabajar con ellos, ser uno de los líderes». Ugalde reconoce que se lo pensó dos veces porque era consciente de lo arriesgado del proyecto y quería saber exactamente cómo se iba a obrar.

Con el proyecto ya perfilado, en mayo de 1990 Egunkaria Sortzen comienza a buscar accionistas y a recaudar fondos.

El 15 de julio, con motivo de una fiesta de concienciación que organizó Egunkaria Sortzen, se publicó un número especial de Euskaldunon Egunkaria. Después de aquel número cero aún faltaba mucho por hacer: había que montar un departamento de producción y publicidad, nombrar un consejo de administración, contratar un equipo de periodistas... Había que convertir el sueño en realidad.

Zumalabe fue nombrado consejero delegado del Consejo de Administración. Josu Landa nos cuenta que el hecho de nombrar a Zumalabe para ese puesto fue una decisión obligada por las circunstancias:«Alguien tenía que encargarse de ello y poco a poco se fue haciendo con esa responsabilidad. Para ello, aprendió todos los entresijos del mundo de la publicidad en dos años, era indispensable para poder publicar el periódico. Ese era su carácter: se autoimponía una meta y no paraba hasta conseguirla. Le traía sin cuidado lo que tuviera que aprender o cuánto habría que trabajar».

Una de las anécdotas que definen muy bien a Zumalabe nos la cuenta Ugalde: «Cierta vez, en una de las reuniones del consejo de administración, Joxemi nos estaba explicando el gráfico de la evolución de los ingresos obtenidos por la contratación de publicidad. Como siempre, habíamos hecho tres previsiones diferentes para el verano: la mala, la normal y la buena. «Nosotros mirábamos a la más baja, él sin embargo, a la más alta». «Este periódico --prosigue Ugalde-- ha salido adelante gracias al increíble esfuerzo de Zumalabe y de unos cuantos como él». «Sufrió mucho --añade Landa--, tanto económicamente como afectivamente. Por eso tengo tan claro que lo del cáncer no fue por casualidad».

(Fragmento traducido de un artículo publicado en ARGIA tras la muerte de Zumalabe, 1993-I-24)

Gure Mendea