Rikardo Arregi (1942-1969)

Ricardo Arregi falleció en accidente de coche, camino de Eibar, el mismo día en el que Aldrin y Armstrong pisaron la superficie lunar. Sólo contaba veintisiete años. Se dirigía a una reunión de Euskaltzaindia y parece ser que llevaba consigo una propuesta en favor de la alfabetización que tan ardientemente defendía. Fue periodista, escritor y activista cultural.

Nació en Andoain en 1942 y tras finalizar sus estudios de Filosofía, comenzó a escribir colaborando en Zeruko Argia y Jakin. Interesado por la política internacional, escribió una serie de artículos modélicos, sobre todo en la sección "Herriak eta Gizonak" de Zeruko Argia. Además de escribir ensayos tan conocidos como "Sozialismoa modan dago" ("El socialismo está de moda"), "Ezkertiar berriak" ("la nueva izquierda") o "Euskaltzaleen jainkoa hil behar dugu" (Teenmos que matar al Dios de los euskaltzales"), dedicó sus fuerzas a la lengua y la cultura vasca.

En la década de los sesenta propusó a Euskaltzaindia crear un departamento de alfabetización, ya que su máxima preocupación era que la gente aprendiera a leer y escribir en euskera. Fue el principal impulsor de la campaña de alfabetización y trabajó en ella todo lo que pudo. Fue, sin duda, uno de los padres de lo que más tarde sería AEK y se le tuvo muy presente en las dos primeras Korrikas que se organizaron.

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Rikardo Arregi, el hombre

Algunos lo consideraban simplemente como un joven nervioso e inquieto pero Rikardo Arregi poseía una entereza y una madurez fuera de lo común, es más, podríamos decir que personalidades así sólo aparecen muy de vez en cuando.

Su vida, aunque corta, ha aportado mucho y su nombre será recordado en toda Euskal Herria.

Poseía una inteligencia fuerte y clara, observándose esta lucidez en toda su obra. De hecho, últimamente le ayudaba en el estudio de las matemáticas y me sorprendía la capacidad de síntesis que tenía. Son muy pocos los estudiantes dotados de tan elevado talento. De haber querido, podría haber sido un gran matemático. Pero él disfrutaba con las gentes y los pueblos, no con los números.

Poseía dos cualidades que le hacían encantador: su honradez y actitud colaboradora y generosa.

Ricardo era una persona honesta y resultaba agradable relacionarse con él. Nunca pensó en su propio provecho y era un trabajador infatigable, hasta rozar lo imposible. Siempre dispuesto a trabajar por y para el pueblo. En cuanto aparecía un nuevo problema ahí estaba él, olvidándose de sí mismo y al pie del cañón. Era un hombre serio en lo que a la religión se refiere. Era de inquietudes profundas y verdaderas. Despreciaba la religión, los mitos y las leyendas de carácter superficial. Siempre iba en busca del Dios verdadero con los ojos y el corazón bien abiertos.Y ahora, ese mismo Dios, ese Señor misterioso, nos lo ha arrebatado. El alma de nuestro querido Rikardo es ahora más feliz que todos nosotros.

Carlos Santamaría, Zeruko Argia, 27-VII-1969

Gure Mendea