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 Una de las dificultades básicas
de hacer la makila es la escasa cantidad de nísperos que
existen hoy en nuestros bosques. Ya apenas se comen nísperos
y estos árboles han sido talados en muchos bosques para
ser sustituidos después por pinos u otro tipo de árboles.
Iñaki Alberdi tiene dos plantaciones para poder obtener
madera de níspero: una de ellas en Irun y la otra en Hondarribia.
Al contrario de lo que sucede en el Sur de Euskal Herria, en
el Norte, en la parte francesa, aún hay abundantes nísperos.
Los que quedan, sin embargo, siguen siendo salvajes.
Cuando
las ramas del níspero tienen la medida suficiente para
poder ser makilas, Iñaki Alberdi realiza unas heridas
en la piel del árbol mediante un artilugio especial, durante
la primavera o el verano. El níspero es el único
árbol que tiene la capacidad de curar estas heridas. Por
eso, cubre las llagas con la savia que vierte, creando así
relieves parecidos a los tatuajes. De este modo, el propio árbol
decora su corteza, creando formas extraordinarias. La rama es
cortada después en invierno u otoño, cuando el
níspero deja de verter savia. Después de calentar
la rama al fuego, cuando aún está verde, se pela.
Si
es necesario, algunas ramas se enderezan. Para ello, se utiliza
el calor del soplete y la horma. Después se da color a
la madera: se da cal viva a la pieza y se la deja reposar durante
dos horas. La cal viva hace que la madera desprenda el tinte
que le es propio, el color marrón oscuro.
La
madera necesita dos años para secarse completamente. Y
sólo entonces se podrá volver a utilizar para acabar
de componer la makila. Normalmente Iñaki Alberdi tiene
varias ramas de níspero preparadas ya en el taller. Y
no va al bosque a buscar una cuando recibe una petición.
Cuando acude, sin embargo, corta varias y las prepara en serie.
Además Alberdi no trabaja únicamente la madera
de níspero, también utiliza sucedáneos:
sobre todo, la madera de castaño. El níspero exige
más trabajo y es más escaso, por eso son más
caras las makilas realizadas con madera de níspero.
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