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Pedidos Iñaki Alberdi - el artesano El proceso Etnografía Qué es la makila

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 A la hora de hacer regalos, la makila vasca es una extraordinaria elección. La mayoría de los pedidos que recibe Iñaki Alberdi son para ser ofrecidos como regalo. La makila ofrece una ventaja: un espacio para que cada cual escriba a quien quiera lo que quiera. Incluye pues un toque personal, y además de la carga simbólica que conlleva, cada uno puede fijar el significado y el objetivo final de una makila. No hay más que indicar al artesano qué es lo que tiene que plasmar con su cincel.

Ese lugar para la imaginación es el casquillo superior de la makila. En él se graban dedicatorias cortas, para lo que se eligen palabras con gran significado. Entre las dedicatorias que se incluyen en las makilas hay algunas que se han convertido ya en típicas y otras que destacan por su originalidad. Éstas son algunas de las frases que se pueden leer en las makilas (con una traducción aproximada al castellano):

- Hitza hitz (La palabra es la palabra)
- Hitzemana zor (Lo prometido es deuda)
- Ihes etsaiak (Huid enemigos)
- Nerekin beti zuzen (Conmigo siempre recto)
- Nere bideko laguna (Mi compañera de camino)
- Nerekin inoren beldur (Conmigo no hay temor a nadie)
- Nere laguna eta laguntza (Mi compañera y ayuda)

La costumbre de regalar makilas como símbolo de la amistad del vasco viene de antiguo. Después de la I Guerra Mundial, los mariscales Foch y Petain y el presidente Clemenceau recibieron sendas makilas. A través de estos obsequios los vascos del Norte de los Pirineos les mostraban su agradecimiento. La makila del mariscal Foch llevaba un mapa de Verdún y sobre él impreso: Hemendik ezin da pasa (De aquí no se pasa).

Alberdi también ha fabricado makilas para grandes personajes. El Papa Juan Pablo II por ejemplo, recibió una de manos del Diputado de Araba con motivo de la visita de éste al Vaticano por la beatificación de tres monjas alavesas. La makila que recibió como obsequio el pontífice era una makila de honor, con mango de plata. Anteriormente, el Papa ya había sido obsequiado con otra makila de cuero, cuando visitó el Santuario de Loiola siendo lehendakari Carlos Garaikoetxea.Y el Rey de España recibió también una makila que llevaba su nombre, cuando visitó Bilbao con motivo del centenario de la Universidad de Deusto.

El Gobierno Vasco es uno de los mejores clientes de Iñaki Alberdi. Garaikoetxea, Ardanza... todos recibieron en su momento una makila. Hoy, cuando representantes del Gobierno Vasco viajan a América, piden a Alberdi que fabrique makilas para regalarles después a los presidentes de aquel continente. A menudo, Alberdi no sabe cuál es el destino de las makilas que fabrica. Pero la makila vasca no es algo de ricos. Puede ser el relago apropiado para la jubilación de una persona, o incluso para despedidas de soltero o bodas. Muchas veces la compra una cuadrilla de amigos, repartiéndose así la cantidad de dinero a pagar.

La makila, de por sí, sirve para caminar. Eso dice el artesano makilagile Iñaki Alberdi. Pero es difícil saber para qué la utiliza quien la recibe. Parece que una gran mayoría teme utilizarla por miedo a que el preciado regalo reciba algún golpe. Por eso, a menudo termina siendo un adorno casero.

Aunque en la práctica no se utilice, la makila suele tener la misma longitud que el brazo de la persona. Esto une aún más la makila a su dueño. Pero hoy apenas se hacen makilas a medida. Existe, sin embargo, una medida estándar: 90 centímetros.

 



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