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 Iñaki Alberdi fabrica entre
400 y 500 makilas al año. Ha heredado de su familia la
sensibilidad y la afición por el bastón vasco.
Hoy Alberdi es el único artesano de makilas de Euskadi
Sur. En el Norte del País Vasco (Lapurdi, Behe Nafarroa,
Zuberoa) existen más artesanos "makilagileak",
que condicionan los pedidos a plazos de hasta un año.
La fuerte represión vivida bajo el franquismo en el Sur
parece ser la razón fundamental de que el arte de hacer
makilas se haya refugiado en la Euskal Herria continental. La
makila más antigua que Alberdi guarda en su taller data
de 1923 y fue fabricada en Gernika. Es una prueba de que, antes
de la guerra de 1936, en el sur había artesanos especializados
en el bastón vasco.
 José Alberdi Arruti, padre
de Iñaki, trabaja en el sector de la ebanistería
desde que después de la guerra fue a vivir a Irun. Iñaki
estudió Maestría Industrial. En 1980 descubrió
que al otro lado del Bidasoa había artesanos que vivían
de la fabricación de makilas. Y comenzó a aprender
la téncnica de este oficio. Lo que estudió le ha
servido de alguna forma a la hora de fabricar makilas, pero como
él mismo dice, "el arte se aprende haciendo: para
eso no hay escuela que valga".
Iñaki
Alberdi comenzó a vivir de la fabricación de la
makila en 1983. Hoy tiene su propio taller en Irun. Es una habitación
de 4x4 metros. Está dotada de un tornillo de banco con
mordazas de madera, otro menor para trabajar los casquillos metálicos
y algunas estanterías donde reposan las varas. Además
de éstos, Alberdi utiliza el esmeril y diverso material
específico de soldadura. Pero la makila es fruto de la
imaginación y de la correcta utilización de las manos del artesano. Y casi todas
las tareas que conlleva la fabricación de la makila, las
hac e a mano. Entre
sus clientes más destacados, Iñaki Alberdi cuenta
con el Papa Juan Pablo II y el Rey de España. Pero muchas
veces ni siquiera sabe para quién fabrica las makilas.
La
fabricación de makilas le ha causado también algún
problema. En una ocasión la Guardia Civil le acusó
de estar fabricando armas, por el estoque escondido del que está
dotada la makila. Le exigieron un permiso de fabricación
de armas, por lo que Alberdi debió elaborar un documentado
informe que demostraba que lo que fabrica -la makila- no es un
arma, sino un símbolo tradicional propio de los vascos.
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