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Nuestros antepasados utilizaban palos, ramas y piedras para defenderse en situaciones de peligro, para cazar o para alcanzar los frutos de los árboles. La makila fue el primer arma en ser utilizada. Más tarte, de la unión de palos y lascas de piedra surgieron las primera hachas. Con el descubrimiento de los metales se sustituyeron las piedras por puntas de metal, naciendo así la azcona.

La makila puede englobarse en distintos tipos de arma. Ha sido usada frecuentemente como arma de mano: lanzas, hachas y mazas son algunos ejemplos de ese uso. Pero también puede incluirse entre las armas arrojadizas: ha sido utilizada como lanza, en este sentido, y también en forma de honda, para lanzar piedras y otros objetos. Aún hoy los pueblos más primitivos utilizan palos para la defensa y el ataque.

En los archivos del País Vasco hay almacenadas varias querellas por ataques realizados con la makila. En 1653, por ejemplo, un vecino de Noain (Nafarroa) interpuso una querella contra el vicario del mismo lugar, porque estando él peleándose con otro, el vicario le dio de palos, en lugar de poner paz. El vicario, sin embargo, afirmó que fue a poner paz, pero al insultarle éste, le propinó varios golpes con el palo.

En Irun (Gipuzkoa) durante el día de San Pedro de 1632 un presbítero fue a danzar con unas mozas. Al atreverse a coger la mano de una de ellas, un vecino de Irun se enfadó. Por lo que se desafiaron a vida o muerte en la plaza, armados con daga y palo.

Además el Fuero de Nafarroa, antes de ser impreso en 1686, recogía como norma lo siguiente: en un pleito entre labradores, si la justicia no podía probar de qué lado estaba la verdad, se realizaba una "Batalla de bastones". Creían que Dios no permitiría la derrota del justo. Cada pleiteador delegaba su causa en un luchador, que se enfrentaría en los campos de Artajona, con bastones y escudos. Si uno de los contricantes fallecía, se condenaba al superviviente a pagar una cantidad en reparación del homicidio.

 



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