La
makila es desde antaño amiga fiel del vasco. Unida a su
mano, como arma en situaciones de riesgo, punto de apoyo en trabajo
y el paseo, y protagonista de celebraciones y fiestas. La makila
vasca tiene su origen en las aguijadas que se utilizaban para
estimular a los bueyes, pero hoy se ha convertido en amiga de
los caminantes y símbolo del poder y del respeto. Por
eso, existe la costumbre de regalar una makila a aquellas personas
que se acercan hasta el País Vasco o a aquellas otras
a las que se pretende honrar.
Hoy sólo un artesano vive de fabricar makilas o bastones
vascos en el Sur del País Vasco. Iñaki Alberdi
las fabrica desde hace años, usando para ello madera de
níspero, fundamentalmente. Durante la primavera o el verano,
Alberdi con una herramienta especial efectúa unas heridas
en la piel de las ramas de los nísperos. Cicatrizando
esas heridas, el propio níspero creará formas sorprendentes
en su piel. Describimos aquí la historia de la makila,
su proceso de elaboración, y todo el entorno que rodea
al símbolo y al oficio paciente y especial de su creador. |