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Euskadi-España ante el siglo XXI "Un punto de encuentro para convivir" Conferencia del Lehendakari Juan José Ibarretxe Madrid, 23 de marzo de 2000 I.- Introducción I.- Introducción. Con la decisión de romper la tregua, ETA ha desoído, una vez más, la exigencia abrumadoramente mayoritaria del Pueblo Vasco para que deje de matar, para que abandone la lucha armada y deposite en manos de la propia sociedad vasca la resolución de cualquier problema de naturaleza política, a través de las vías exclusivamente pacíficas y democráticas. Soy consciente de que los Partidos Políticos nos hemos cruzado duras acusaciones y reproches sobre las actuaciones que cada cual hemos desarrollado para gestionar la ilusión y la esperanza de Paz que el escenario de tregua había traído consigo. Quienes más han sufrido este acoso han sido el P.N.V. y EA, que, en su día, apostaron por la vía del diálogo y de la negociación con Euskal Herritarrok para consolidar el proceso de Paz. No es momento de lamentaciones o de devolver los golpes y las críticas inútiles. La única culpable de la ruptura de la tregua es quien ha decidido de nuevo utilizar la violencia, es decir, ETA. En cualquier caso, la violencia vuelve a poner sobre la mesa la existencia de un conflicto no resuelto y la falta de un punto de encuentro que nos permita disfrutar de un marco de convivencia estable y definitivo. Un marco de convivencia que debe fundamentarse sobre un escenario de Paz y de ausencia de violencia como condiciones previas, pero que debe construirse sobre unas bases sólidas de normalización política y social. Toda violencia es ética y moralmente rechazable, y a los responsables políticos nos corresponde, además de denunciarla, intentar resolver los problemas y conflictos que la sustentan. Por eso, como Lehendakari, en estos momentos tenía dos alternativas: Una primera, dedicar mi intervención a manifestar públicamente, una vez más, mi rechazo y mi condena más firme al uso de la violencia, no sólo desde un punto de vista ético y moral, sino como justificación para alcanzar cualquier tipo de objetivo político. Una segunda, quizá más valiente, sería, además de esto, compartir con ustedes mis reflexiones para buscar una solución definitiva al problema de la violencia, identificando la raíz de sus causas. Más allá de la violencia, ¿qué es eso que se ha venido en llamar, más o menos acertadamente el "problema vasco" como un conflicto histórico no resuelto? Entiendo que para solucionar cualquier problema de naturaleza social es preciso ser capaz de separar claramente el problema en sí mismo de sus manifestaciones externas, por muy dramáticas que éstas sean. Solo así estaremos caminando hacia su resolución verdadera. Creo que ésta es la postura más valiente y la más responsable en los momentos actuales. Hay que hablar de estos temas, con ETA o sin ETA, y es preciso hacerlo cuanto antes si no queremos volver a desaprovechar una oportunidad cuando ésta se presente. A este respecto, el Lehendakari siempre tendrá tendida la mano al Presidente del Gobierno español para que, entre todos, seamos capaces de articular una solución definitiva al conflicto vasco. Por eso planteo una reflexión en clave de encuentro y no de ruptura, en clave de afectividad y no de crispación. En definitiva, en clave de "convivencia". Convivir es una palabra hermosa. En sí misma encierra toda una carga de afectividad, de emotividad, de cariño, de reconocimiento y de respeto mutuo, aplicable a la vida en común. Convivir o vivir-con, tiene una relación directa con los conceptos de avenirse, entenderse, tolerarse, respetarse y ponerse de acuerdo de forma pactada, no impuesta. El término convivir está alejado, por tanto, de planteamientos relacionados con la imposición, con la intolerancia y con la obligación. En este sentido, es un concepto muy distinto a la mera coexistencia o a la cohabitación sin voluntad compartida. Convivir es la expresión más bella que se puede aplicar a la vida familiar o a la vida de una pareja, donde dos personas, que tienen una identidad original, propia e irrenunciable, deciden libremente, convivir juntos, formar una familia, es decir, compartir parte de su soberanía individual en aras a un proyecto común. Cuando el pacto se sustituye por la violencia y la imposición, o cuando una de las partes se niega a reconocer la identidad del otro y su capacidad para decidir por sí mismo, es cuando en una pareja quiebra la convivencia y esa quiebra sólo puede desembocar en una ruptura o en una cohabitación impuesta. Este concepto de la convivencia, que aplicado a nuestra propia vida en pareja o a nuestra propia experiencia en la familia es perfectamente comprensible por todos nosotros, también es un concepto clave para entender la armonía entre los pueblos. Si somos capaces de entender este concepto en el más amplio sentido de la palabra, posiblemente estemos dando un paso de gigante para adentrarnos en la comprensión de lo que se ha venido en llamar el "problema vasco". Diría, incluso, que nos estaremos poniendo en la disposición mental adecuada para su solución definitiva. A este respecto, el propio título pretende ser una reflexión positiva. No habla de rupturas, sino de convivencia. No habla de agravios, sino de tolerancia. No habla de crispación, sino de afectividad. El título plantea, por tanto, un objetivo a mi entender sublime y deseable: "buscar un punto de encuentro para lograr la normalización política definitiva y la convivencia en el seno de la propia sociedad vasca y entre el Pueblo Vasco y España". Este es el objetivo de las reflexiones que les voy a trasladar, éste es el objetivo que ha animado, anima y va a animar todas las actuaciones políticas y personales de este Lehendakari y, sinceramente, creo que éste debería ser el objetivo de todas las fuerzas políticas y sociales, tanto vascas como españolas, porque nos encontramos ante una oportunidad histórica que no podemos desaprovechar. En la situación actual, mirar para otro lado y no afrontar la solución del problema porque el posible punto de encuentro no nos satisfaga o porque nos sintamos más cómodos en la situación presente sería, como mínimo, irresponsable, porque un problema social si no se soluciona acaba por pudrirse irremediablemente. Acercarse a la solución de un problema social o de convivencia, exige una mentalidad abierta y una actitud proactiva. Primero, para reconocer su existencia Segundo, para comprender sus causas últimas Tercero, para no confundir el problema en sí mismo, con sus manifestaciones externas. Cuarto, para analizar alternativas de solución desde el diálogo, el respeto y la tolerancia mutua. Quinto, para buscar puntos de encuentro y de consenso que permitan su solución definitiva. Exige, además una condición previa: Renunciar a la violencia, a la coacción y al chantaje para imponer nuestros objetivos o nuestra solución a la otra parte. Cualquier solución a un problema social debe partir de la aceptación inequívoca de las vías políticas y democráticas. Desde esta perspectiva, la ruptura de la tregua de ETA representa, de nuevo, una dificultad añadida para abordar la solución de un conflicto de naturaleza política. "Mentabilidad abierta y democrática" Esta es, pues, la mentalidad abierta y la voluntad democrática con la que yo, como Lehendakari de una sociedad tan plural como la vasca, pretendo trasladar mis planteamientos. Estoy convencido de que esta misma mentalidad y voluntad es la que anida, también, en el espíritu de todos los presentes, por encima, incluso, de las negativas circunstancias que estamos atravesando y que nos pueden inducir a la reacción inmediata de rechazo frontal a la violencia sin más reflexiones posteriores sobre la naturaleza última del conflicto de normalización política subyacente. "Reconocer la existencia del problema" El título, sugiere ya un punto de partida para la solución del problema vasco: el reconocimiento de su existencia y, por tanto, la necesidad de buscar un nuevo punto de encuentro para alcanzar un marco de convivencia estable. "Comprender sus causas
últimas"
Para ello, permítanme realizar una breve incursión
histórica con el fin de comprender el origen y situar
las causas últimas de esta convivencia insuficiente o
frustrada. 1.- Una etapa de convivencia basada en el respeto a los Fueros, el Pacto y la soberanía compartida hasta 1.839. Aunque con diversos avatares y vicisitudes derivadas de guerras y conquistas, hubo un tiempo, -aproximadamente desde la Constitución del Reino Independiente de Pamplona (que luego se llamaría de Navarra) bajo la corona de Eneko Arista (o Aritza) en el año 824, hasta comienzos del siglo XIII (1.200)-, en el que los Territorios de Alava, Bizkaia y Gipuzkoa formaban parte del Reino de Navarra, conformando una unidad histórica, cultural e institucional. Posteriormente, y en el ejercicio de su propia soberanía, tanto Alava como Bizkaia y Gipuzkoa se unieron voluntariamente a la Corona de Castilla, primero, y a los Reyes de las Españas después. - 1.200: Unión voluntaria de Gipuzkoa al Rey Alfonso VIII de Castilla - 1.332: Voluntaria entrega de Alava a la Corona de Castilla - 1.379: Bizkaia se incorpora a la Corona de Castilla por vía hereditaria, al concurrir en la persona de Juan I el Señorío de Bizkaia, que ostentaba, y la Corona de Castilla heredada de sus padres. - 1.512: Navarra pierde su independencia política tras la capitulación de Pamplona al Duque de Alba en la noche de Santiago, el 24 de julio de 1.512. En 1.515 Fernando el Católico proclama la incorporación de Navarra a la Corona de Castilla, respetando sus Fueros. Podemos resumir la etapa de convivencia que transcurre desde la incorporación de los Territorios Vascos a la Corona de Castilla hasta principios del siglo XVIII, afirmando que, tanto Alava como Gipuzkoa, Navarra y Bizkaia, vivieron durante siglos una vida de soberanía compartida, mediante su libre adhesión a través de uniones personales escrupulosamente renovadas por cada uno de estos Territorios Históricos con cada uno de los reyes de Castilla, y más adelante con cada uno de los reyes de las Españas. 2.- 1.839: Quiebra del Principio de Libre Adhesión. Quiebra del principio de convivencia. Sus consecuencias En 1.833 estalla la 1ª Guerra Carlista. En ella no sólo se dirime la sucesión al trono español, en el País Vasco, además, se utiliza como argumento de la contienda a los Fueros vascos, entre los partidarios de su conservación (Carlistas) y los partidarios de su sometimiento a la Constitución. * Ley 25 de Octubre de 1.839: Primera Ley abolitoria de los Fueros Vascos. Como consecuencia de la derrota del bando carlista en el que se habían alineado los defensores de los Fueros Vascos, se aprueba la Ley de 25 de Octubre de 1.839, en la que se impone unilateralmente a los Territorios Vascos la unidad constitucional de la Monarquía española, bajo la fórmula de: "Se confirman los Fueros de las Provincias Vascongadas y Navarra, sin perjuicio de la Unidad Constitucional de la Monarquía". Efectos: - Quiebra del principio de soberanía compartida - Quiebra del principio de libre adhesión Consecuencias: (*) - Se suprime el Pase Foral - Se impone en los Territorios Vascos los Gobernadores Civiles, la Administración de Justicia y el Régimen Electoral provincial y municipal, vigentes en el resto de España. - Se suprimen las aduanas internas (*) Navarra acordó la Ley Paccionada del 16 de Agosto de 1.841 por la que renuncia a sus Instituciones pero conserva vigente su autonomía y el carácter de pacto entre iguales. Los Fueros vascongados se modificaron por Decreto 3.- 21 de Julio de 1.876: Segunda Ley abolitoria de los Fueros Como resultado de una nueva derrota de los Territorios Vascos alineados en el Bando Carlista en la segunda Guerra Carlista que transcurre entre 1.872 y 1.876, se produce, en Julio de 1.878, la segunda Ley Abolitoria de los Fueros Vascos. Consecuencias: - Se impone el servicio militar obligatorio a todos los ciudadanos vascos - Se elimina la autonomía y la exención fiscal - Se disuelven las Diputaciones Forales El 28 de Febrero de 1.878 se firma el Primer Concierto Económico, no como consecuencia de un privilegio otorgado, sino como último vestigio y residuo de los Fueros originales. 4.- 1.939: Fin Guerra Civil Española y comienzo de la Dictadura Franquista. Nueva quiebra de la convivencia un siglo después. Consecuencias: - Se suprime el Concierto Económico en Bizkaia y Gipuzkoa, como provincias traidoras - Gobierno Vasco en el exilio - Represión de la cultura vasca y del euskera - Persecución nacionalista 5.- Verano de 1.959: Nacimiento de ETA. Nueva quiebra de la convivencia cuyos dramáticos efectos estamos sufriendo desde entonces hasta el momento presente.
No vamos a entrar a recordar lo que pudiera haber sido y no fué. Ni me corresponde en este momento en mi papel de Lehendakari defender los planteamientos del Grupo Vasco en el proceso constituyente. Lo que sí constato es que posiblemente fue una ocasión perdida. Se desechó la idea formulada en la primera enmienda vasca que propuso una solución singular para que la Constitución reconociera el hecho diferencial del Pueblo Vasco. Una enmienda que propugnaba, no sólo el amparo y el respeto, sino el "reconocimiento" de los Derechos Históricos del Pueblo Vasco, primero a través del pacto con la Corona, y después mediante la reanudación del tracto foral quebrado en 1.839. Corona, Pacto, soberanía compartida y Derechos Históricos, fueron piedra de escándalo para quienes, estando dispuestos a aceptar la descentralización administrativa territorial, eran incapaces de asumir determinadas realidades nacionales como expresión de una identidad histórica, cultural y política previa a la propia Constitución, y como tal, sujeto de decisión. Con ello, se consiguió que la reivindicación de una parte de la sociedad vasca, la representada por el nacionalismo vasco, se frustrara, no tanto por sus apetencias competenciales, sino porque no daba cabida al reconocimiento existencial. "Se negó el reconocimiento del derecho a ser del Pueblo Vasco". De esta forma, la Constitución Española de 1.978, que podría haber sido la clave de un nuevo marco de convivencia para todos los vascos, y de integración "cómoda" de la realidad nacional vasca en un Estado plurinacional, no respondió a estas expectativas. El reflejo objetivo de que el actual marco constitucional es insuficiente y precisa ser "ensanchado" si realmente se desea que represente una opción de convivencia mayoritaria en Euskadi, es el dato del respaldo que obtuvo la Constitución española en el referendum de 1.978, donde fue ratificada por el 30,8% de los ciudadanos y ciudadanas de la Comunidad Autónoma Vasca. Este dato, por sí mismo, y sin entrar en consideraciones de sensibilidades nacionalistas o de Derechos Históricos, simplemente desde una perspectiva democrática ¿no debe inducirnos a todos a la reflexión? ¿No es el reflejo más fiel de una situación que en clave de respaldo democrático, debería ser mejorada? ¿Que la norma básica de la convivencia del Estado español haya sido ratificada por el 30,8% de una parte del territorio en el que se pretende aplicar, no es el mejor síntoma de un conflicto no resuelto? Si esto es así, ¿no deberíamos tener todos como objetivo democrático releer, ensanchar, e incluso, si fuera preciso, modificar una norma para dar cabida razonable a los deseos mayoritarios de un Pueblo? Esta es la pregunta que todos deberíamos realizarnos y que todos deberíamos responder desde la mentalidad abierta y democrática a la que aludía al comienzo. IV.- El
Estatuto de Autonomía. Un punto de partida para la convivencia Desde esta perspectiva, el Estatuto de Gernika supuso una puerta abierta a la esperanza. Se consideró como un instrumento a partir del cual se pudiera dar respuesta a las demandas de autogobierno y al reconocimiento de la identidad singular del Pueblo Vasco. El Estatuto de Autonomía, además del "haber competencial" que se le reconocía al Pueblo Vasco, se configuraba como expresión de la nacionalidad de Euskal-Herria; dejaba abierta la posibilidad de confluencia territorial de los Territorios de Bizkaia, Alava, Gipuzkoa y Navarra -si así lo decidían libremente los ciudadanos y ciudadanas de este Territorio- y, sobre todo, en su Disposición Adicional, se hacía una mención expresa a que la aceptación del presente régimen de autonomía no implicaba la renuncia del Pueblo Vasco a los derechos que como tal le hubieran podido corresponder en virtud de su historia. Estos eran los "mimbres" sobre los que en su día, hace ahora 20 años, se construyó la ilusión y la esperanza de la mayoría del Pueblo Vasco ¿Qué ha sucedido a lo largo de estos 20 años? ¿Las expectativas se han correspondido con la realidad? El Estatuto de Autonomía de Gernika nos ha permitido desarrollar un elevado nivel de autogobierno competencial. Gracias a él hemos podido incrementar el bienestar y la prosperidad de los ciudadanos y ciudadanas vascas. Esta constatación es obligada por parte de un Lehendakari perteneciente a un Partido que ha tenido la responsabilidad de liderar la recuperación institucional y la gestión de las transferencias obtenidas gracias al Estatuto. Pero dicho esto, no es menos
cierto que el Estatuto de Autonomía ha generado la frustración,
no sólo entre los que no lo votaron, sino en una parte
muy importante de las personas que apostaron por él. ¿Por
qué? Segundo: Porque, como consecuencia de lo anterior, el Estatuto de Gernika, después de transcurridos 20 años desde su aprobación por referendum, todavía está pendiente de ser cumplido. Desde este punto de vista, el Estatuto de Gernika tiene el lamentable "honor" de ser la única Ley Orgánica que después de 20 años todavía no ha sido cumplida por parte del Estado español, a pesar de los reiterados posicionamientos unánimes del Parlamento Vasco en este sentido. Tercero: La estrategia de desarrollo del Estatuto seguida por el Gobierno Central, tanto en tiempos del PSOE como del PP, ha distado mucho del sentido original de pacto y de acuerdo que le dió origen. El proceso de transferencias, aún sin culminar, ha estado condicionado permanentemente a la obtención de contrapartidas políticas y al pago de peajes que nada tienen que ver con el cumplimiento de una Ley Orgánica, simplemente, ni más ni menos. Un breve repaso a los períodos de sequía transferencial y a los años de desbloqueo son una buena muestra de estas afirmaciones. El reciente acuerdo de transferencia de la autopista A-8 prevista en el Estatuto pero lograda como contrapartida, pagada por dos veces, del apoyo del PNV al proyecto de presupuestos generales del Estado, es un fiel reflejo de esta realidad. Cuarto: Por último, se ha quebrado unilateralmente el nivel de autogobierno reconocido en el Estatuto a través de la aprobación unilateral de leyes básicas por parte de la Administración Central española y mediante la permanente judicialización del ejercicio de nuestro autogobierno. La situación del Concierto Económico es la última y desgraciada muestra de esta actitud. No es extraño, por tanto, que a un sector de la sociedad vasca que depositó sus esperanzas en el Estatuto de Autonomía, la fecha del 25 de Octubre, más que alegría, le provoque desencanto. En consecuencia, aún reconociendo y valorando muy positivamente los frutos del Estatuto de Gernika y su importancia para asumir un proceso de transferencias competenciales, debemos constatar la realidad objetiva que para una parte significativa de la sociedad vasca su actual grado de desarrollo no ha servido para encauzar, plena y definitivamente, el reconocimiento de la identidad nacional del Pueblo Vasco. Ni siquiera ha servido para dar respuesta al nivel de autogobierno competencial que en el mismo se contemplaba, a pesar de haber transcurrido más de 20 años desde su aprobación. Podemos concluir afirmando que el Estatuto de Gernika, a pesar de la frustración que su desarrollo haya podido provocar en una parte de la sociedad vasca, ha sido un instrumento esencial para nuestra autogobierno y para la convivencia democrática en nuestro pueblo. El Estatuto, desde esta perspectiva, y atendiendo a su carácter de texto abierto, contiene potencialidades que deben ser exploradas para alcanzar un nuevo punto de encuentro, bien a través del desarrollo de su Disposición Adicional, o bien a través de una renovación o modificación del mismo. Un punto de encuentro que contemple el reconocimiento del Pueblo Vasco como sujeto político dotado de una identidad y personalidad propia, y no como un mero agente receptor de unas determinadas transferencias fruto de la decisión adoptada por la Administración Central en función de su particular conveniencia y albedrío. V.- El
camino a recorrer para la construcción de la Paz y la
normalización política. Con la ruptura de la tregua a partir del pasado 3 de diciembre de 1.999, ETA ha vuelto a desoir a la sociedad vasca y ha conculcado el más elemental de los derechos humanos, el derecho a la vida, asesinando a tres personas inocentes. Ahora bien, a pesar de este escenario, y reiterando nuestra más rotunda condena y la exigencia del cese de la violencia a ETA, ¿seríamos capaces los responsables políticos de plantear alternativas de solución desde el diálogo, el respeto y la tolerancia mutua? ¿Es posible un punto de encuentro para la convivencia? Estas son las interrogantes que nos hacíamos al principio y éstas son las preguntas que nos deberían introducir en el camino para la resolución definitiva del problema de la violencia.
Dos consideraciones de partida
sobre la sociedad vasca actual. Antes de dar respuesta a estos
interrogantes es preciso hacer dos consideraciones previas sobre
la sociedad vasca actual. 2.- La sociedad vasca es una Sociedad diferenciada: - Por encima de la pluralidad política de la sociedad vasca existe un sentimiento de pertenencia común: todos nos reconocemos como ciudadanos y ciudadanas vascas. - Existe, también, un profundo sentimiento de pertenencia a un pueblo con una identidad histórica y cultural propia, así lo atestiguan, por ejemplo: · La existencia de un sentimiento nacionalista mayoritario reflejado en el protagonismo social de partidos nacionalistas vascos. · La existencia de un movimiento sindical propio mayoritario. · Un idioma diferenciado · Unas costumbres y una historia propia · La gran mayoría de los vascos afirma que el Pueblo Vasco es un pueblo con identidad propia con capacidad para decidir su futuro. Estos son sólo algunos síntomas de que el Pueblo Vasco se percibe a sí mismo como una sociedad con una identidad singular y diferenciada que debe tener, por tanto un reconocimiento diferencial en el Estado español. El posible punto de encuentro que buscamos debe de tener en cuenta esta realidad si no queremos repetir los errores del pasado, si no deseamos cerrar un marco de convivencia en falso y desembocar en la ruptura. Desde esta perspectiva, ¿cuál es el camino a recorrer? El camino a recorrer para la
construcción de la Paz y la normalización política. Tercero: Búsqueda de un primer punto de encuentro para la convivencia Este punto de encuentro debería de responder a las siguientes condiciones de validez: 1.- Que sea susceptible de lograr el consenso mayoritario de los partidos políticos vascos. 2.- Que sea capaz de integrar a todos porque no prejuzgue ni condicione las opciones legítimas que cada cual representa. 3.- Que sea una puerta abierta a un nuevo consenso futuro. 4.- Que pueda suponer un mínimo común denominador para todos los Territorios Históricos Vascos. 5.- Que sea un planteamiento estrictamente de base democrática. 6.- Que no suponga la ruptura de los marcos de convivencia logrados hasta ahora. 7.- Que sea susceptible de ser incorporado al ordenamiento jurídico a través de un Pacto de Estado que conlleve una interpretación abierta y dinámica de la Constitución. 8.- Que sea aplicable a los territorios de raíz foral en función de sus derechos históricos amparados por la Constitución. El punto de encuentro que puede responder, -honestamente así lo creo- a las condiciones anteriores es el "reconocimiento expreso del derecho de los ciudadanos y ciudadanas vascas para decidir libre y democráticamente su propio futuro". O dicho de otra forma: El reconocimiento efectivo de unos Derechos Históricos preexistentes, que la Constitución ampara y respeta, y que en los términos actuales suponen, lisa y llanamente, aceptar la capacidad que tienen los ciudadanos y ciudadanas de los Territorios Históricos de raíz foral para, -desde el respeto a lo construído hasta ahora-, decidir libre y democráticamente el status de relación jurídico-política que quieren tener entre sí mismos y con el Estado español. Cuarto: Ratificación, en su caso, del punto de
encuentro alcanzado mediante consulta popular a los ciudadanas
y ciudadanos vascos, desde el respeto a la voluntad de los distintos
ámbitos y comunidades en los que actualmente se articula
el Pueblo Vasco. Esta consulta debería celebrarse en un
escenario de ausencia total y definitiva de todas las expresiones
y manifestaciones de violencia. La respuesta dependerá de la voluntad política y de la interpretación y lectura que queramos hacer del marco constitucional. 1.- Una interpretación cerrada e inflexible de la Constitución haría inviable la incorporación de este derecho y cerraría la puerta siquiera a su reconocimiento y ejercicio a través de la rendija abierta en la Disposición Adicional primera, en relación con la derogatoria segunda. En este caso, estaríamos ante la tesitura de decidir una modificación formal de la Constitución o simplemente negar el reconocimiento de este derecho convirtiendo la Constitución en lo que algunos han venido en denominar como una "cárcel de naciones". 2.- Una interpretación flexible y dinámica deja una puerta abierta a través de la Disposición Adicional y de su interpretación a la luz de los Derechos Históricos y de la decisión democrática de los ciudadanos y ciudadanas vascas, como algunos autores de gran prestigio han venido defendiendo. Sexto: Un segundo punto de encuentro En el ejercicio de este reconocimiento "del derecho a ser y a decidir por sí misma", la sociedad vasca debería buscar otro punto de encuentro en su propio seno sobre el marco de relación jurídico-política que desea tener con el Estado español. En mi condición de Lehendakari, debo tener presente las distintas sensibilidades de todos los vascos. Por este motivo, este punto de encuentro no lo visualizo ni en la independencia ni en la actual Constitución. Teniendo en cuenta la "realidad del momento" histórico político actual, concibo un punto de encuentro que sobre la base de partida de la realidad política e institucional actual y de los marcos jurídicos vigentes, es decir, de lo construído hasta hora, defina un nuevo estatuto, no sólo en términos de haber competencial, de "tener para hacer", sino sobre el principio del reconocimiento del "ser para decidir". Sobre la base del reconocimiento de este principio, cualquier proceso de negociación debería de partir, en todo caso, del cumplimiento íntegro e inmediato del contenido material de actual Estatuto de Autonomía, -una Ley Orgánica, pendiente desde hace más de veinte años-, sobre todo en lo que atañe al ámbito sociolaboral. Además, el proceso de negociación debería adaptar el marco de relación a la nueva realidad europea e internacional, posibilitando el establecimiento de niveles de relación política e institucional entre los distintos Territorios Vascos, contemplando la presencia y participación directa de Euskadi en Europa en aquellos asuntos de su competencia exclusiva, y facilitando su presencia compartida en los foros internacionales en representación y defensa, tanto de su identidad singular, como de sus competencias y políticas públicas. En conclusión, el camino a recorrer, en mi opinión, pasa, en definitiva, por reconocer la personalidad de la sociedad vasca para definirse a sí misma, y a partir de aquí, establecer una relación de convivencia con el Estado, basada en la libre adhesión y en el respeto mutuo. Estamos llegando al final del camino. Un camino que hemos recorrido juntos con el ánimo no sólo de recuperar la Paz en términos de ausencia de violencia, sino también lograr la normalización política definitiva sobre la base de puntos de encuentro que permitan un marco de convivencia en armonía. No obstante, no me parece correcto, dada la situación actual, dejar de reconocer la existencia de otros caminos distintos al propuesto, la aplicación de otras "estrategias alternativas" para erradicar la violencia y para la normalización política de Euskadi. Me voy a referir brevemente a estas "estrategias alternativas". VI.- Otras
Estrategias alternativas:
2.- Estrategia inmovilista para erradicar la violencia. ¿La estrategia única y estrictamente policial traerá consigo el final de la violencia? Si ETA fuera un clan familiar que se dedica al chantaje y al asesinato posiblemente sí, pero me temo que sería autoengañarnos. La experiencia histórica nos dice que ni los años más duros de la dictadura, ni los éxitos policiales de la democracia, ni siquiera la guerra sucia, han servido para eliminar definitivamente la violencia. En cualquier caso, ¿una hipotética derrota policial y detención masiva de la cúpula de ETA traería al día siguiente la Paz a las calles de Euskadi y la normalización política a la sociedad vasca? Me temo que tampoco, y esta sensación personal, -que se sustenta en la historia anterior y en el conocimiento de la realidad vasca-, es compartida por la abrumadora mayoría de la sociedad vasca que ha manifestado, cada vez que ha sido consultada, que la vía policial es insuficiente, por sí misma, para la solución del conflicto. Al contrario, la inmensa mayoría opinamos que el final de la violencia sólo vendrá por la vía del diálogo y de la negociación, y así lo manifestamos expresamente en el punto diez del Acuerdo de Ajuria-Enea que firmamos todos los partidos políticos en 1.988. Pero, además, ¿alguien piensa que la sociedad vasca se va a contentar si los partidos políticos nos dedicamos a atrincherarnos en el recurso de condenar la violencia y pedir a ETA que deje de matar? 3.- Estrategia cerrada para la Normalización Política. El actual marco jurídico no admite cambios. El Estatuto y la Constitución son estación término. Estrategia de punto final. Es una estrategia también legítima, pero posiblemente no es la más razonable en términos políticos ni la más defendible en términos estrictamente democráticos. Podemos taparnos los oídos y mirar para otro lado para no oír ni ver el tren, pero no por eso el tren deja de andar y corremos el peligro de que nos atropelle. El tren de la reivindicación del derecho a decidir, del reconocimiento de una identidad propia y de soberanía compartida que propugna una parte muy importante de la sociedad vasca no se va a detener porque miremos a otro lado. Yo creo que la postura más inteligente es reconocer su existencia y encauzar por la vía del pacto y de la negociación esta reivindicación. Porque, por mucho que alguien se empeñe en cerrar "con llave" la Constitución y el Estatuto, hay dos realidades incuestionables: - La Constitución española actual tiene el respaldo democrático que tiene en la sociedad vasca, ni uno más ni uno menos. - El Estatuto actual fue apoyado mayoritariamente por la sociedad vasca, pero no fue capaz de integrar a todos los vascos. Han pasado 20 años y todavía está sin cumplir. ¿Alguien piensa de verdad, que el punto de encuentro de la sociedad vasca consiste en seguir reclamando al Estado español el pleno y leal desarrollo del Estatuto durante los próximos veinte años? ¿Alguien piensa, de verdad, que durante los próximos veinte años la sociedad vasca va a sentirse cómoda defendiendo su Autogobierno y su Concierto Económico, único residuo de su soberanía originaria, de los recursos judiciales, ataques y acusaciones de privilegio que realiza permanentemente el Estado español? Yo, sinceramente, creo que tampoco ésta es la vía de la normalización política definitiva para el País Vasco. Deseo finalizar como empecé el comienzo de mi intervención. Convivir es una de las palabras más hermosas que se pueda aplicar a la vida en común. La convivencia en armonía, por tanto, sólo es posible desde la ausencia de violencia, desde la Paz incondicional, desde la tolerancia, el reconocimiento a la identidad del otro y el respeto a su capacidad de decidir por sí mismo. En definitiva, se trata de reconocer el derecho que tiene el Pueblo Vasco de decidir lo que quiera ser en el futuro, desde el respeto y el reconocimiento de lo que hoy es. Desde esta premisa democrática todos debemos aceptar la decisión de la sociedad vasca, teniendo en cuenta los ámbitos institucionales y políticos en los que ésta se estructura y la realidad del momento histórico en que ésta se produce. Soy consciente de las complicaciones
y dificultades que entraña plantear estas reflexiones
en el momento en que ETA ha decidido de nuevo la ruptura de la
convivencia. No obstante, el esfuerzo merece la pena. La Paz,
la normalización política y la recuperación
de la convivencia afectiva con España en el seno de la
sociedad vasca, son dignos objetivos de cualquier demócrata
y deben ser la principal responsabilidad de todo dirigente político.
La convivencia entre pueblos o en la familia entraña afectividad,
emotividad, tolerancia. En el siglo XXI, los proyectos políticos
son de libre adhesión o de ficción. En la vida,
¿es posible convivir..., compartir..., si no hay afecto...,
si no hay respeto? Resumen - Síntesis Nota: La referencia a las dos
Guerras Carlistas no pretende caracterizarlas como confrontaciones
entre el Pueblo Vasco y el Pueblo Español. Tuvieron, más
bien, la consideración de Guerras Civiles, tanto en el
seno del País Vasco como en el resto del Estado, en las
que se dilucidó, no sólo la sucesión al
trono español, sino que en el escenario del País
Vasco se enfrentaron, también, los bandos de partidarios
y detractores de la abolición o la permanencia de los
Fueros. En cualquier caso, el resultado efectivo es que la derrota
del bando carlista tuvo como consecuencia las leyes abolitorias
de los Fueros Vascos.
IV.- El Estatuto de Autonomía de Gernika. Un punto de partida para la convivencia El Estatuto de Gernmika constituyó el instrumento fundamental por el que apostamos la mayoría de los vascos para desarrollar nuestro autogobierno y para articular la convivencia democrática de nuestro Pueblo. No obstante, a lo largo de estos más de 20 años, la experiencia nos indica que no ha servido para integrar a los que en su día lo rechazaron, y su desarrollo ha generado frustración en una parte importante de las personas que lo votaron. ¿Por qué el Estatuto no ha respondido a las expectativas que depositaron en él una parte muy significativa de los vascos? Primero: El actual modelo del Estado de las Autonomías no responde al modelo que se intentó dibujar en la Constitución, basado en la existencia de hechos diferenciales y singulares que debían tener un tratamiento específico Se ha optado por la opción del "café para todos" con la esperanza de diluirlas personalidades históricas en un "sano regionalismo". Segundo: Después de los más de 20 años transcurridos, el Estatuto de Gernika es la única Ley Orgánica que ostenta el triste honor de no haber sido cumplida. Tercero: Su desarrollo ha estado condicionado al pago de peajes y precios políticos. Cuarto: Se ha quebrado su desarrollo a través de la aprobación unilateral de leyes básicas que han cercenado nuestro autogobierno y han provocado la judicialización permanente del mismo, generando la sensación de falta de seguridad jurídica en el propio instrumento. (instituciones flotantes). Quinto: Nunca se ha considerado íntegramente como un texto que, además de reconocer un "haber competencial" deja abierta la posibilidad a la capacidad soberana del Pueblo Vasco para "ejercitar los derechos que, como tal, le hubieran podido corresponder en virtud de su historia". * El Estatuto de Gernika, desde esta perspectiva, y atendiendo a su carácter de texto abierto, contiene potencialidades que deben ser exploradas para alcanzar un nuevo punto de encuentro, a través de una renovación o modificación del mismo sobre la base del desarrollo de su Disposición Adicional. V.- El camino para la construcción
de la Paz y la normalización política VI.- Estrategias Alternativas 1.- Estrategia de la violencia y de la imposición por parte de ETA. P La estrategia política es incompatible con la violencia. Cualquier reivindicación democrática queda prostituida por la violencia. P Es una estrategia totalmente inservible. P Representa más dolor y sufrimiento para la sociedad vasca que no aceptará nunca la vuelta al pasado. P Es una estrategia equivocada y errónea, no sólo desde un punto de vista ético y moral, sino político y social. 2.- Estrategia inmovilista y derrota policial para erradicar la violencia. P ETA no es un clan familiar mafioso. P Unicamente la estrategia policial no serviría para garantizar la convivencia ni erradicar la violencia. P No ha servido ni en los años más duros de la dictadura franquista ni siquiera con guerras sucias. P La inmensa mayoría del Pueblo Vasco apuesta por un final dialogado. 3- Estrategia cerrada para la normalización política. El actual marco jurídico no admite cambios. El Estatuto y la Constitución son estación término. La Constitución española necesita ser ensanchada si se quiere dar cabida a los deseos de la mayoría del Pueblo Vasco. Para que una norma de convivencia como la Constitución, tenga plena legitimidad en la sociedad vasca, debe ser respaldada al menos por una mayoría más amplia que la actual. ¿Alguien piensa, de verdad, que el punto de encuentro de la sociedad vasca consiste en seguir reclamando al Estado español el pleno y leal desarrollo del Estatuto durante los próximos veinte años? VII.- Final La convivencia entre pueblos entraña
afectividad, emotividad y tolerancia. La convivencia en armonía,
por tanto, sólo es posible desde el reconocimiento a la
identidad del otro y el respeto a su capacidad de decidir por
sí mismo. Si se niega este derecho no estamos hablando
de convivencia sino de imposición. No estamos hablando
de libre adhesión sino de conquista. No estamos hablando
de afectividad sino de autoritarismo. En definitiva, se trata
de reconocer el derecho que tiene el Pueblo Vasco de decidir
lo que quiera ser en el futuro, desde el respeto y el reconocimiento
de lo que hoy es. Desde esta premisa democrática todos
debemos aceptar la decisión de la sociedad vasca, teniendo
en cuenta los ámbitos institucionales y políticos
en los que ésta se estructura y la realidad del momento
histórico en que ésta se produce. La normalización
política y la recuperación de la convivencia afectiva,
que se perdió hace más de un siglo y medio, son
dignos objetivos de cualquier demócrata y deben ser la
principal responsabilidad de todo dirigente político que
desee solucionar definitivamente el llamado "problema vasco". |